La industria aseguradora de cara a las catástrofes naturales

En las primeras horas del sábado 27 de febrero de 2010, un terremoto de 8.8 grados de magnitud y cuatro minutos de duración azotó Chile, dejando 525 muertos y afectando a una zona habitada por 13 millones de personas.

Biobío y Maule, las regiones más perjudicadas por el sismo y el posterior tsunami, fueron declaradas en estado de excepción constitucional de catástrofe. El movimiento telúrico dañó medio millón de viviendas y produjo más de 2 millones de damnificados. [II]

Existe la creencia de que el daño provocado por un movimiento telúrico está directamente ligado a su intensidad, lo cual no necesariamente es cierto. La gravedad de una posible catástrofe está relacionada tanto a la intensidad como a factores que tienen que ver con densidad de población, planes de emergencia y códigos de construcción sísmica.

En otras palabras, para que ocurra una emergencia no es necesario que aumente el número de eventos catastróficos, sino que basta con que los que ocurran incidan en regiones no preparadas.

Luego del sismo de Chile en 2010, uno de los más devastadores de las últimas décadas, se dio un incremento de bienes asegurados en los meses subsiguientes. Eso, aunado al desarrollo de tecnologías que aportan un conocimiento cada vez más detallado de las estadísticas de las catástrofes, ha producido una mayor conciencia de la prevención. [III]

El número de eventos

A pesar de que los movimientos telúricos en el mundo se cuentan por millones cada año, el número de sismos mayores a 6 grados se mantiene constante. De acuerdo con datos de la US Geological Survey (USGS)[IV], en 2010 hubo 22 terremotos de magnitud mayor a 7 grados, pero con efectos muy dispares.

El nivel de prevención marca una enorme diferencia entre dos eventos. Si se compara el terremoto de Haití de enero de 2010, cuya magnitud fue de 7.3 grados, frente a uno más intenso como el de Chile, un mes después, se podrá notar una gran diferencia en lo que refiere a sus consecuencias.

Mientras que en Haití perdieron la vida más de 220.000 personas y más de un millón y medio quedaron sin hogar, en Chile el movimiento telúrico dejó 525 víctimas mortales dejando en evidencia los estrictos códigos de construcción chilenos, lo cual habla de una amplia conciencia de la prevención.

Sin embargo, la prevención no disminuye por completo la vulnerabilidad. A pesar de las medidas preventivas, ya sean constructivas, de emergencia sísmica o asegurando bienes, América Latina y las regiones menos desarrolladas del planeta siguen siendo las zonas con el mayor número de población afectada por fenómenos naturales.

En un informe de la Organización de las Naciones Unidas para el Socorro en caso de Desastres (UNDRO, por sus siglas en inglés) se señala que las regiones menos desarrolladas de América Latina, Asia y África concentraron más del 90% de la población afectada por desastres naturales.

En América Latina y el Caribe la intensidad y frecuencia de los fenómenos naturales ha aumentado a un ritmo similar al resto del mundo, sin embargo, lo que marca la diferencia es el nivel de vulnerabilidad de una región. [V]

Riesgo de desastre, amenaza y vulnerabilidad

El riesgo de desastre es una condición latente e inestable, producto de una interacción dinámica entre dos factores que son la amenaza y la vulnerabilidad.

La amenaza es la probabilidad de que ocurra un fenómeno con potencial destructivo como, por ejemplo, sismo, huracán, tsunami o deslizamiento. Por otra parte, la vulnerabilidad es “la incapacidad de la población o una parte de ella para resistir, amortiguar, evitar y recuperarse del impacto de los fenómenos”[VI]. La amenaza interactúa con la vulnerabilidad, aunque son factores independientes.

En la ecuación anterior, la amenaza es el factor que queda fuera del control humano, pero el nivel de vulnerabilidad, y con ello el riesgo de desastre, es hasta cierto punto modificable a través de medidas que buscan reducir el margen del daño. El académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Jorge Dehays señala que “si se busca reducir el nivel de riesgo, se debe aminorar también la vulnerabilidad de la población y el nivel de peligro, cuando esto sea posible”[VII].

Una prevención inadecuada es notoria cuando después de un evento catastrófico hay un incremento de lo asegurado. Pedro Muga, Regional CAT Manager Chubb Latin América, señala que el efecto de un evento incide a posteriori en la contratación del servicio. “Una vez que una catástrofe pasa, hay un incremento de lo asegurado en los meses subsiguientes. Países que tienen ese historial sí están mucho más precavidos; los países que no tienen ese historial grande no están tan ansiosos de tener seguros”[VIII].

Por lo anterior, resulta evidente que en ocasiones los riesgos no forman parte de lo que prevé un colectivo, sin embargo, puesto que las amenazas no forman parte de las variables que el ser humano controla, lo más conveniente es siempre prevenir para disminuir el daño en las catástrofes. Veamos algunos aspectos que se presentan entre desastres y daños.

Terremotos y tsunamis

Podríamos suponer que las pérdidas humanas y los daños económicos son proporcionales en los casos de terremotos, sin embargo, no existe una relación directa.

Una característica que resalta en el caso de terremotos y tsunamis es la baja correlación que guardan los daños económicos con las pérdidas humanas. Entre 2003 y 2012 se registraron 3.885 desastres naturales en el mundo [IX], de los cuales los terremotos y tsunamis ocuparon el 7.26%, es decir, 282 eventos. Las muertes por este motivo fueron de 63.67% del total de desastres, sin embargo, los daños se ubicaron en 31.51% lo que equivale a 487.061 millones de dólares.

En el caso de las tormentas de viento, éstas ocuparon la cuarta parte del total de desastres registrados y por el contrario, un porcentaje de muertos fue relativamente bajo con un 16.44%, pero los daños económicos ocuparon un porcentaje de 42.69%, considerado el más alto dentro del total de las pérdidas en desastres.

Desastres en América Latina y el Caribe

El costo de los desastres en América Latina y el Caribe entre 1972 y 2010 ascendió a 213.000 millones de dólares, de los cuales 150.000 millones fueron en pérdidas y 63.000 millones en daños.

Estas catástrofes dejaron 309.742 víctimas mortales y 30 millones de personas afectadas. Las cifras reunidas por la CEPAL señalan que de los 88 eventos catastróficos de este periodo, 84 concentran los desastres climatológicos y geológicos.

El costo de los efectos de eventos climáticos fue de 105.000 millones de dólares, mientras que el de las catástrofes geológicas fue de 100.000 millones de dólares.

Los años 2010 y 2011 fueron un punto de inflexión en cuanto a desastres en años recientes en la región. Además del terremoto en Chile en el 2010 [X], en el invierno de esos dos años Colombia vivió inundaciones que en total causaron 490 muertos, 3.9 millones de damnificados y destruyeron 12.000 viviendas. De acuerdo con Felipe Gómez, asesor de la Dirección de Cambio Climático de Colombia, el desastre causó pérdidas por 6.400 millones de dólares.[XI]

Gestión de riesgo de desastres

La gestión de riesgo de desastres incluye una serie de acciones entre las que están la respuesta a emergencias, construcción de estructuras de protección, elaboración de mapa de riesgos, sistemas de alerta temprana, entre otras.

Fue a mediados de los años noventa cuando el concepto de gestión de riesgo de desastres empezó a ser entendido e incorporado por los gobiernos. América Latina aún se enfrenta al reto de reducir la vulnerabilidad de la población, su infraestructura y su economía.

De acuerdo con la ONU, en los tres primeros meses del 2013 más de medio millón de personas en América Latina y el Caribe fueron afectadas por desastres naturales, la mayoría por inundaciones a causa de cambios en el régimen de lluvias anuales.

“En Latinoamérica es necesario prioritariamente profundizar y fortalecer las políticas de ordenamiento territorial y ambiental e integrar criterios de reducción de riesgo en los planes de desarrollo de sectores críticos como educación, salud, transportes, energía y agua y saneamiento”, afirma Fernando Ramírez Cortés, especialista en manejo de riesgo de desastres del Banco Mundial.[XII]

Nueva metodología para calcular las pérdidas

Más allá del recuento tradicional de las pérdidas ocasionadas por desastres, el Banco Mundial implementó una nueva metodología que evalúa de forma más equitativa la manera en que estos eventos afectan a los sectores más pobres de la población.

Tomando como premisa que un dólar en pérdidas no significa lo mismo para una persona rica que para una persona pobre, el estudio [XIII] toma en cuenta las diferentes capacidades de la población para enfrentar las pérdidas.

El documento publicado en 2017 reevalúa las pérdidas anuales antes establecidas en 300.000 milllones de dólares, en 520.000 millones de dólares anuales a nivel mundial. En cuanto a América Latina y el Caribe, las pérdidas equivalen al doble de las estimaciones anteriores y alcanzan un promedio de 84.000 millones de dólares al año.

El informe establece que cuando los pobres son víctimas de una catástrofe, su pérdida proporcional de riqueza es hasta tres veces mayor a la de los no pobres, a causa de la vulnerabilidad de sus medios de vida.

En el informe auspiciado por el Banco Mundial se evalúan por primera vez iniciativas implementadas para ayudar a las personas a responder ante las crisis y recuperarse, como pólizas de seguros, acceso a servicios bancarios personales y sistemas de protección social.

Las cifras de 2016

En 2016, las pérdidas económicas en el mundo ascendieron a 210.000 millones de dólares, de las cuales 54.000 millones (26%) estaban aseguradas.

En este año se registraron 315 catástrofes naturales y de éstas, 34 generaron más de 1.000 millones de dólares de daño económico. De esta cantidad de eventos, sólo 11 tuvieron pérdidas asegurables que alcanzaron este límite.

Steven Bowen, meteorólogo y especialista en gestión de riesgos, prevé que las pérdidas debido a catástrofes climáticas aumentarán en los próximos años. Observa que después de una baja en las pérdidas por desastres entre 2012 y 2015, el 2016 ha marcado un incremento en los costos de peligros naturales para la economía global. “Factores tales como el cambio climático, eventos climáticos más intensos, mayores exposiciones en zonas costeras y cambios en migración son todos contribuyentes a la tendencia creciente”, señala. [XV]

Perspectivas

La tendencia ascendente de las pérdidas económicas de las últimas décadas, muestra la creciente exposición de las economías regionales a las catástrofes naturales. Este crecimiento pone en alerta dos aspectos en la industria aseguradora.

Por una parte, las aseguradoras deben hacer frente a las pérdidas mediante nuevos vínculos con los mercados financieros para aminorar los riesgos mediante la diversificación.

Y por otro lado, se pone de manifiesto la necesidad de herramientas tecnológicas que otorguen a los clientes un portafolio de servicios digitales.
Concretamente en el caso de desastres, que permitan obtener con mayor prontitud los resultados y a la larga proporcionar una mayor conciencia en la forma de concebir los seguros catastróficos.

Anualmente, la cifra de desastres naturales ha crecido y, ante el panorama incierto que el cambio climático depara, el aumento de las catástrofes naturales quizá no sea una sorpresa tan grande. Y no sólo el aumento, sino también los cambios en las zonas afectadas. Frente a un escenario como éste la seguridad para evitar que sea una catástrofe mayor se encuentra en la prevención.


[I] Alianz Risk Pulse. Catástrofes naturales.
[II] “Peor tragedia natural de los último 50 años deja huella de destrucción en zona centro sur. La Tercera. 28 de febrero de 2010.
[III] Entrevista a Pedro Muga, Regional CAT Manager Chubb Latin América. Febrero de 2017.
[IV] Alianz Risk Pulse. Catástrofes naturales. https://www.allianz.es/documents/2452567/2462317/Catastrofes.pdf/2deef933-8bf0-45e5-8de4-446d4e075429
[V] Mora Castro, Sergio. América Latina y el Caribe, las amenazas naturales y los desastres: desafíos para el desarrollo sostenible.
[VI] Wilches-Chaux, Gustavo, 1989, “Desastres, ecologismo y formación profesional”, SENA, Popayan. , 1993, “La vulnerabilidad global”, en Andrew Maskrey, Los desastres no son naturales, Colombia, La Red, ITDG, Tercer Mundo Editores, pp.9-50.
[VII] Dehays, Jorge. “Fenómenos naturales, concentración urbana y desastres en América Latina”. Perfiles Latinoamericanos, núm. 20, junio, 2002, pp. 177-206. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Distrito Federal, México.
[VIII] Entrevista a Pedro Muga, Regional CAT Manager Chubb Latin América. Febrero 2017.
[IX] O: Capacci, Alberto y Stefania Mangano. 2015. “Las catástrofes naturales”. Cuadernos de Geografía: Revista Colombiana de Geografía 24 (2): 35-51. DOI: 10.15446/rcdg.v24n2.50206.
[X] Bello, Omar, et al. La estimación de los efectos de los desastres en América Latina, 1972–2010. Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL. Chile, 2014.
[XI] “Los desastres naturales despiertan a América Latina”. Universia.net.mx. Recuperado de http://noticias.universia.net.mx/en-portada/noticia/2012/04/02/921113/desastres-naturales-despiertan-america-latina.html.
[XII] Stokes, M. (29 de enero 2014). Latinoamérica busca controlar los desastres naturales con tecnología. El País. Recuperado de
http://internacional.elpais.com/internacional/2014/01/29/actualidad/1391018163_615712.html.
[XIII] Hallegatte, Stephane, Adrien Vogt-Schilb, Mook Bangalore, y Julie Rozenberg. 2017. “Indestructibles: Construyendo la resiliencia de los más pobres frente a desastres naturales,” resumen, Banco Mundial, Washington, DC. Licencia: Creative Commons de Reconocimiento CC BY 3.0 IGO. Recuperado de https://openknowledge.worldbank.org/bitstream/handle/10986/25335/211003ovSP.pdf
[XIV] 2016 Annual Global Climate and Catastrophe Report. Recuperado de http://thoughtleadership.aonbenfield.com/Documents/20170117-ab-if-annual-climate-catastrophe-report.pdf
[XV] “Los desastres de 2016 originaron 210.000 millones de dólares de pérdidas económicas globales”. (17 de enero de 2017). ADN del Seguro. Recuperado de http://www.adndelseguro.com/es/actualidad/companias/los-desastres-de-2016-originaron-210000-millones-de-dolares-de-perdidas

Fuente: Chubb

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